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Bakea y paz se llaman jau kayavia Diario de Noticias , 07.01.2007 14:46 Tras el atentado de ETA de Madrid el 30 de diciembre pasado, es preciso reflexionar lo más sensatamente posible y sacar con toda crudeza las consecuencias que dimanan de tal hecho.
La primera consideración es la humana. Es la de compartir el dolor y solidaridad con las familias de las personas que se hallan, al parecer, apresadas dentro de los escombros en que convirtió la explosión de la bomba buena parte de los aparcamientos del aeropuerto de Barajas-Madrid. A esos dos ciudadanos desaparecidos dedicamos el título de este artículo con el nombre de paz en lengua quechua y utilizando el giro que emplean muchas veces los alumnos/as de las ikastolas, cuyos padres no saben euskera, cuando vuelven a casa después de los primeros días de clase: La paz se llama bakea. Bakea y la paz se llaman jau kaya. La segunda consideración es que la palabra de ETA se ha devaluado. Este atentado se ha cometido estando vigente la tregua. Una tregua que se había anunciado como permanente y que ha resultado rota, sin previo aviso. Si este atentado no es expresamente desautorizado por la dirección de ETA, ¿qué valor tendrán de aquí en adelante sus compromisos? La gravedad de esta consecuencia para la consideración política de un movimiento armado es evidente. Un movimiento armado origina dramas y tragedias humanas irreparables, por lo que su consideración de político o no depende de su relación con la sociedad. Hasta ahora la sociedad creía en la palabra de ETA y hasta políticos antagónicos, como Mayor Oreja, Sanz y compañía han recurrido en más de una ocasión a la credibilidad de esas palabras. Sin ir más lejos, Sanz con ocasión del último Zutabe y de su desafortunada mención a la quema del negocio del concejal de UPN en Barañáin. Es imprescindible que la dirección de ETA responda al requerimiento que Aralar le efectuó en su comunicado: ¿asume o no asume la dirección de ETA la responsabilidad de la comisión de ese atentado? No bastan excusas ni explicaciones de contextualización. Sí o no. La tercera consideración es la del aprovechamiento político, que con la voracidad de gusanos, están efectuando los peperos y upneros en la carroña y en la podredumbre política provocada por esta explosión. Apenas pueden disimular su alegría política. No dejan de repetir las frases fatxas que tanto les gustan, como la de que ya lo decían ellos o que las víctimas siempre tienen razón, invocando una y otra vez la excluyente unión de los sedicentes demócratas. La cuarta reflexión es la falta de valentía de los dirigentes de Batasuna. Falsean la realidad al decir que el principal deseo de la sociedad es el éxito del proceso, por cuanto el primer deseo, la primera necesidad y la obsesión de los ciudadanos y ciudadanas de Euskal Herria y de todo el Estado es la paz. Paz, que en quechua se llama jau kaya. Es por conseguir la paz, que están a favor del proceso y del diálogo y de la reconciliación. Y es en ese contexto y con esa jerarquía de objetivos -y no con otra- como los ciudadanos/as comprenden y se comprometen a favor de la profundización democrática, a favor de los derechos de los presos y de la reparación de las víctimas. No por uno u otro proceso, no por una ni por once mesas de partidos. Primero que nada, la gente está por la paz. Hay una quinta reflexión, que se nos ha tornado dolorosa y dramática, que es la devaluación de la reivindicación del diálogo. Hemos defendido y luchado a favor del diálogo, a pesar de muchas incomprensiones en la convicción tenaz de que constituye el camino democrático y eficaz para la resolución de los problemas políticos y en concreto el de la violencia; y más en concreto el contencioso vasco. Ahora nos hallamos con que una organización como ETA, que estaba calificada como una organización de palabra, ha faltado a su compromiso con la sociedad vasca de alto el fuego permanente. El diálogo carece de sentido y de virtualidad con quien no tiene palabra, con quien no cumple sus compromisos. No hay razones ni excusas para incumplir una palabra dada a la sociedad vasca como fue la tregua de marzo de 2006. Era una palabra sin condiciones. Una palabra que podía abrir y estaba abriendo ya, poco a poco, muchas puertas. Podrán ser muy insatisfactorias las actuaciones de Zapatero desde el pasado marzo, debería haberse corregido la infame política penitenciaria, debería haberse derogado la antidemocrática Ley de Partidos. El PP y los medios de comunicación fatxas no hubiesen podido bramar más de lo que ya lo han hecho. Todo ello es el debe del gobierno Zapatero. La paz no puede depender de que el presidente del Gobierno español sea poco audaz, como dicen unos, o de que mire de reojo demasiado a las encuestas electorales de la España profunda, como dicen otros. El atentado de Madrid ha roto el alto el fuego y parece significar una vuelta a la lucha armada, a esquemas del pasado ya agotados que no conducen a nada en la lucha por los derechos de este pueblo. Ha roto la esperanza de paz de este pueblo. Ése es el debe de ETA. Al contencioso vasco le corresponde una paz vasca. Paz vasca, que se tiene que basar en la palabra dada a la sociedad vasca; precisamente porque ETA dice y repite su reivindicación de la decisión de esa sociedad. Palabra de vasco, hemos oído decir con orgullo a nuestros mayores. La palabra ha sido ley y más que ley entre los vascos. ¿Qué valdrá en el futuro una tregua o un alto el fuego de ETA, si no se desautoriza por su dirección el atentado de Madrid-Barajas del día 30 de diciembre, realizado estando vigente el alto el fuego permanente? La organización ETA, su dirección, tiene que elegir entre el atentado de Madrid-Barajas o tener palabra. Firman este artículo: Patxi Zabaleta y Ion Abril, miembros del Comité Ejecutivo de Aralar; y Lucho Blanco, peruano y militante de Aralar en Bera
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