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Mujeres cubanas: Thelvia Marín, revolucionaria y artista

8 de Marzo , 03.03.2006 13:24

Muchos ríos de tinta han corrido en torno a la Revolución Cubana. Pero... ¿somos capaces de nombrar siquiera una mujer revolucionaria? Invisibilizadas también, fueron fundamentales. Cuba no sería hoy lo que es sin ellas. No se nombran, pero existen, como Thelvia Marín...
 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=23433

Ventura llegó con su aureola de terrible. Ya era famoso por su crueldad con los revolucionarios que luchaban contra el tirano Batista. Thelvia Marín recordó el consejo de Melba Hernández, la heroína que había soportado las crueldades cuando el asalto al Cuartel Moncada: si te coge pórtate guapa, no te dejes amedrentar. El sicario la conminó a seguirlo a la estación, con sus dos hijos pequeños. Allí, en la misma casa de la calle Párraga donde sigue apacentando estrellas a los 83 años.

- Los voy a torturar,- dijo Ventura mirando a los niños en la estación de policía.

- Me estorban, puedes matarlos,- contestó Thelvia con voz de heroína de tragedia griega, mientras avanzaba amenazadora hacia él, mirándolo fijamente a los ojos, con todas las furias convergiendo en su mirada.

Ventura se horrorizó y empezó a gritar.

- Quítenme esta mujer de arriba, que no me mire, que no me mire...

“Entonces me soltaron”, cuenta, “pero como si estuviera poseída por fuerzas que ni yo misma podía controlar, dije: de aquí no me voy sin mi libreta de direcciones y el dinero. Figúrate, tenia fondos del movimiento arriba y en la libreta, de algún modo, camuflajeados, todos mis contactos, desde Pinar del Río hasta Santiago de Cuba. Si flaqueaba podía poner en peligro a mucha gente. No me quedaba otro remedio que jugármela.”

“Ese suceso”, comenta filosófica, “y la parálisis facial de mis 18 años marcaron mi existencia respecto al coraje para enfrentar la vida. Hubo muchos desafíos después porque tanto en la guerra como en la paz, está la embestida constante de los problemas, pero creo que he aprendido a lidiar con el vivir en estos más de ochenta años, al punto que todavía creo que puedo ascender al cosmos montada en una escoba.”

Para quien la mira y escucha es fascinante esta muchacha que sin rubor menciona su edad, como si no se diera cuenta de lo mucho que ha transcurrido desde el nacimiento en Sancti Spiritus, entre canciones y poemas del padre y la esperanza de la madre de que aquella única hija fuera una señorita de bien, pero pronto aprendió ella los nexos posibles entre un piano y un fusil que se guarda entre sus cuerdas cuando se lucha contra un tirano como Machado. Desde esa época, los años 30 de la primera rebelión cubana del Siglo XX, Thelvia inauguró la inquietud por cambiar las cosas.

“Mi familia, el ambiente local, los remanentes del Siglo XIX y los ímpetus del XX, me proporcionaban todas las opciones, menos el limbo”, aclara con picardía. “Y a pesar de mi gusto por la poesía y la música, que me acunaron desde que abrí los ojos, quise ser escultora y para serlo tenía que venir a La Habana, a estudiar a San Alejandro”. Aquello fue un cisma porque la niña tenia que venir sola a la capital, pero fue como el despertar de la viajera a la que siempre le han interesado más los caminos que las metas.

“Mi madre decía que yo vivía fuera de la realidad, que lo único que sabia hacer en una casa era una maleta. Desde que salí de Sancti Spiritus sentí la necesidad compulsiva de viajar como un ave migratoria, y de ese imperativo padezco una suerte de esoterismo que condiciona el derecho de crear mi realidad y siempre mi realidad ha estado conectada con el cosmos.”

Esa vocación sideral debe ser la culpable de los tantos caminos recorridos por Thelvia Marín. Escultora, pintora, escritora, periodista. Estudios de música, de filosofía y letras, psicología y farmacia. Vicepresidenta de una agencia de publicidad, coordinadora de la escuela de Artes Plásticas, jefa de página cultural en los periódicos La tarde y luego en Juventud Rebelde. Consejera cultural en la Embajada de Cuba en la entonces Republica Democrática Alemana y en el comienzo el espíritu de combate, aquel deseo de hacer girar la vida del lado de la libertad y la belleza, valga la redundancia.

“La Habana me fascinó, era una de las ciudades mas lindas de América y aunque estudiaba en San Alejandro, por la noche asistía al Instituto. Tenia una beca de 19,75 diarios. Con eso tenía que pagar hospedaje, comida y transporte. Cuando llego al Instituto estaba el profesor de psicología Rafael García Bárcena. El también enseñó a los cubanos de esa época a ser revolucionarios. Él fue el primero que intentó organizar la lucha contra Batista después del golpe de estado. Tenía una personalidad fuerte, capacidad de liderazgo y había luchado contra Machado. Cuando empieza la lucha contra Batista él organiza el Movimiento Nacional Revolucionario. En esa organización conocí a Armando Hart y me reencontré con Faustino Pérez que había sido mi compañero de escuela en Sancti Spiritus.”

“Un día llegó la policía al Instituto. Había que sacar unas armas, a mi no me conocían los policías y el profesor Bárcena hizo confianza en mí. Me llevé las armas para mi casa y era emocionante saber que debajo de mi cama estaban, lo cual nadie podía imaginar en una casa de huéspedes para señoritas. También en San Alejandro había protestas a las que me uní. Me vinculé también a la Sociedad Nuestro Tiempo. Sobre todo con la gente de música Argeliers León, Nilo Rodríguez, Harold Gramatge. Estuve también relacionada con la Universidad del aire y en medio de todo ese trajín me casé con una persona muy valiosa en l947, el doctor Jorge López Valdés, con quien compartí cincuenta años de la vida, hasta su muerte.”

“Mi marido y yo entramos a la Ortodoxia que lideraba Eduardo Chibás y a la cual también pertenecía Fidel. Yo conocí a Fidel en la Universidad, siendo estudiantes. Nunca se me olvidará aquel día, después que mataron a Manolo Castro cuando la lucha de pandillas rivales, que Aramis Tabalada me dice: si ves a Fidel, dile que se pierda que la gente de León, un personaje de entonces, contrario a nosotros, está en la Escuela de Derecho y vienen a matarlo. Esa sería una historia muy larga, por eso la sintetizo. Bueno, pues me encuentro a Fidel y se lo digo y me coge del brazo, me lleva hasta la plaza Cadena de la Universidad y nos paramos ante la Escuela de Derecho que estaba por allí. Fidel se abre el saco y a grito limpio les dice: degenerados, hijos de puta, vengan a matarme que estoy desarmado. Siempre fue corajudo, arrestado. Quien te dice, que los tipos se fueron por detrás, no le dieron el frente”.

“Viene el golpe del 10 de marzo... son tantas cosas”, dice Thelvia y reordena los recuerdos,” sí, Bárcena empieza a conspirar, era entonces profesor de la Universidad. Prepara un contragolpe con militares. Un día Fidel me trae hasta esta misma casa donde vivo. Hablamos de lo que se preparaba, pero él me explica que no va en esa, que él tiene lo suyo ya. Lo de Bárcena fracasa y teníamos armas en la Escuela de Derecho. Yo estaba embarazada de mi segundo hijo y me piden que saque las armas. Me meto una pistola debajo de la panza y localizo a Faustino Pérez. Entramos a la Universidad, sacamos las armas Faustino, mi marido y yo. Las guardamos en unos pabellones del Hospital Calixto García, otras en una Iglesia Bautista. Fueron muchas cosas, muchos sustos, pero prevalecía el espíritu de lucha.”

“También yo trabajaba con el Directorio estudiantil universitario, con el Frente Cívico de Mujeres Martianas, que fueron una fuerza eminentemente femenina muy importante en la lucha cívica. Después sucede el Moncada, Bárcena está preso, cuando Fidel sale de Isla de Pinos asisto a una reunión convocada por él y ya me vinculé al 26 de julio. Comienza otro torbellino. Conozco a muchos compañeros involucrados. A Celia Sánchez y Acacia, su hermana, las conocí en el Hotel San Luis. Había muchas mujeres participando activamente, arriesgando la vida. Margot Machado y Gladys Marel García, de Las Villas, Vilma Espin , Asela de los Santos, Gloria Cuadra y Maria Antonia Figueroa , de Santiago de Cuba, Inés Amor, Melba Hernández y Haydee Santamaría, Lidia y Clodomira. Cada una de ellas es una novela que no se ha escrito todavía, una novela de amor y valentía. Desde la lucha contra Machado las mujeres tuvieron una participación destacada, pero el machismo revolucionario también es fuerte y cuando te lees libros de historia o reportajes da la impresión de que las mujeres estaban muy tranuilas en sus casas y no era cierto.”

“Por suerte mi marido era un hombre de mentalidad amplia. Y también colaboró con todo lo que tenía. Puso su clínica y su relaciones en función del movimiento revolucionario y nuestra casa en Santamaría del Mar. Allí, en esa casa, pasaron su luna de miel Mario Hidalgo y Aurora, Haydee y Armando Hart. Antes fui testigo de la boda de Montane y Melba. A Frank País lo conocí en la casa de Santamaría también, en una reunión, antes del desembarco del Granma, para anunciarlo, según recuerdo. Sé que me causó una impresión muy particular, tenia algo especial.”

“Bueno, contarlo todo sería un libro largo”, dice y suspira abrumada por las imágenes, los recuerdos, las escenas que se superponen en la memoria, los rostros de tantos compañeros y compañeras que ya no están, arrastrados por el vendaval de la vida o de la muerte. Y todo eso está ahí guardado junto o en desorden, quizás, con todas las imágenes que ha llevado al lienzo, o ha esculpido o ha escrito. El monumento a Serafín Sánchez, la novela testimonio sobre el presidio de Isla de Pinos que inauguró la colección Sociología y Política de la Editorial Siglo XXI, los poemas a Frank, las presuntas entrevistas a los dioses aborigen, la magia y el esoterismo de las narraciones y ese monumento al desarmen, el trabajo y la paz en la Universidad para la paz, en Costa Rica, del cual tan orgullosa se siente esta mujer que es una de las más importantes escultoras cubanas.

“Aunque parezca contradictorio, los guerreros aman la paz, por eso, quizás mi obra preferida es ese monumento, pero no quiere decir que no ame a los otros. También recuerdo con mucho cariño el Indio Hatuey que hice en la Plaza Indoamericana de Quito, que me valió ser declarada hija ilustre de esa ciudad. Y quiero al que hice en Islas Canarias y aprecio todas esas obras que andan por parques, plazas o escuelas de mi país, cada una es un momento de la entrega. Siempre he dicho, cuando me dicen escultora pienso amor. Y cuando dicen amor, para mi es un camino, no el final de algo.”

Enamora a la vida esta revolucionaria, dígase artista, que no se ha cansado de galopar ahorcajada en los caminos, que ha demostrado saber hacer mucho mas que una maleta... todo lo enumerado aquí y más, tres hijos, nietos, decenas de obras y un pacto secreto con el tiempo que le permite exclamar como única posible conclusión: “¡me quedan tantas cosas por hacer¡”
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